TEMPORADA de plazas diversas o lo que se tercie
Plaza de toros de Valdemorillo, Madrid. Tercer festejo del abono de San Blas. Lleno de no hay billetes. Calor en el interior. Fuera, ni te cuento lo que hacía.
Toros de Torrealta, desiguales, mansos, flojos, con poco celo en el caballo, se han venido abajo pronto. Mejores el cuarto y el quinto.
Uceda Leal, silencio y vuelta al ruedo tras leve petición.
Juan Ortega, palmas y dos orejas.
Pablo Aguado, palmas y silencio.
Era Valdemorillo una plaza en el ártico. Se construyó una moderna plaza con cubierta y con una inusual calefacción y hay quien añora los fríos de antaño. La rasca que está haciendo en estas latitudes en las últimas semanas son lo menos propicio para una tarde de toros. Pero mira que somos contumaces, pues a Valdemorillo hemos ido, con nieve en las cumbres, y vientos gélidos, y hemos llenado. Y además nos hemos divertido. Sí, lo sé, esto no tiene aquel aroma romántico de los ochenta y los noventa, con ganaderías más fieras y toreros aguerridos. Pero hay que darle una oportunidad a estas plazas cubiertas. Algunas son muy feas, pero son calientes y muy cómodas. Y no se aprovechan.
De modo que a Valdemorillo hemos venido a quitarnos el frío. Como el que se toma un anticatarral, un suplemento de vitamina C, un cordial para el cuerpo. Hay que desentumecerse y creerse que ya ha pasado más de un mes de este 2026 y que aquello de Morante por octubre es ya tan solo un símbolo emotivo. Estamos ya a otra cosa. A los toreros les viene bien Valdemorillo. Y si están mal, no supone un lastre en su temporada. Pero si están bien, tiran pa´lante. A los toros no sé: los de la ganadería de hoy parecían desconcertados. Es lógico: los tienen a la intemperie a cero grados y, de repente, los sacan por toriles a un ambiente cálido, como Peñíscola en el mes de agosto. Así que los de Torrealta de hoy se agostaron pronto: salían cansinos, apenas fueron castigados en el caballo, miraban contrariados como ese vecino que va a comprar el pan a las cuatro de la tarde en agosto. Lo malo es que estábamos en febrero. Calor dentro, frío terrible fuera. Y así los toros, los pobres.
El cartel era de veras interesante. Dos toreros no perdieron: Uceda Leal, elegante, puro y frío, como siempre, se topó con un buen toro y, cuando se quiso dar cuenta, el ejemplar daba señales de agotamiento. Mostró Uceda su técnica, su saber andar pero le falta siempre ese paso adelante, apostar con pasión por una faena. Hoy lo ha intentado, tarde. El público, no obstante, le agradece siempre su disposición y saber estar. Es un lujo que te abra unos carteles. Por lo que respecta a Pablo Aguado, estaban las cosas en su tapete, hay runrun de nuevo hacia su figura. Pero no ha tenido suerte. Sus toros vinieron mortecinos y en el tercero abusó un poco del tiempo del respetable. Queda, en cualquier caso, su recibo capotero. Es Aguado tan personal, tan equilibrado, que esos recibos a capote lacio, compás abierto, te pagan el viaje en una tarde de invierno. Si pueden, vean el vídeo en instagram o en X.
Había un torero hoy que sí podía perder algo, teniendo en cuenta que su temporada anterior fue algo mortecina. Quizá este 2026 sin la presión de un Morante ubicuo, veamos de nuevo al mejor Juan Ortega, el de las raíces belmontinas y trianeras. Poco ocurrió en el flojo segundo pero la cosa se transmutó en calor de verano en la faena del quinto. Hubo tandas exquisitas (también descuidos y lógicos enganchones a principio de temporada). Pero la faena se cantó como grande. Es además Juan Ortega un brujo para quitar los fríos con esos ayudados por alto del comienzo y los finales genuflexos. No será, desde luego, la faena más rotunda del trianero ni quizá la mejor de las que le hemos visto en Valdemorillo. Queda, no obstante, la sensación de que este genio ha vuelto, que se ha tomado dos antigripales, se ha sacudido el frío y ha dicho: aquí estoy de nuevo, mientras se lo llevaban en volandas tras cortar las dos orejas. Qué alegría si así viene la temporada.
Salimos de nuevo al frío. El público se arremolina en los corrillos, buscando calor humano. Hay parabienes para los empresarios, Zúñiga, por el éxito de la feria, y también para Garzón, que saluda aquí y allá como un nuevo papa en su difícil y nueva tarea de empresario de Sevilla. Entre la juventud, la adolescencia, la primavera de la tauromaquia, se marcha Juan Ortega, el nuevo ídolo al que tantos chavales podrán agarrarse. Veremos. De momento nos hemos sacudido el frío. Y sí, en la plaza de Valdemorillo hace calor. Quién lo diría hace treinta años.
David Ferrer, 8 de febrero de 2026.
davidferrer@arboladura.es
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