CRÓNICAS A TORO PASADO O AL RELANCE.
Existen a veces en una tarde de toros unas líneas invisibles, un conjunto de conexiones ocultas a la vista, que vertebran el desarrollo del festejo y que, dificultosamente, necesitan de un análisis y de una lectura esforzada. Lo que prestigiaba la tarde de ayer no era tanto la presencia del Rey a una barrera, bienvenido sea, como también el ministro de Cultura, que es el máximo representante del gremio de la tauromaquia. Aunque físicamente no está ni para picador. Pero es bienvenido. Como lo fueron ayer también todos algunos representantes de la izquierda hoy traicionera pero que antaño poblaban tendidos y burladeros. No nos dejéis solos en manos de un partido. Pero ayer, como decía, había que leer esas líneas invisibles, detalles silenciosos, silencios sordos, verdades clamorosas que se entrecruzaban en el ruedo y los tendidos:
1.- Dos toreros rotos en mano a mano. Como viejos soldados de los Tercios en la fuga de Rocroi.
2.- Dos brindis al Rey. A veces en momento tan crítico, antes de jugarte la vida, no salen las palabras. Pero Ureña lo dejó claro: "Majestad, nunca desfallezca".
3.- Emilio de Justo en su brindis a Álvaro de la Calle, ese veterano torero salmantino al que solo llaman para ejercer de sobresaliente y que, el año pasado, tras la cogida de Emilio de Justo tuvo que apechugar con otros cinco toros. Hubo lágrimas en los ojos de Álvaro de la Calle. Por el homenaje, por lo hecho, por lo perdido, por las promesas incumplidas. ¿Será capaz Plaza1 de darle un hueco en una corrida de verano? ¿Será capaz Chopera de incluirlo en la feria de su Salamanca? Ya verás tú.
4.- El brindis de Paco Ureña a Emilio de Justo fue de igual a igual. Dos viejos guerreros al borde del precipicio, del cual hemos salido no solo una sino muchas veces.
5.- El viento que todo lo estropea. Que nadie te oculte que en cuarto lugar hubo un gran toro y que a Emilio de Justo le pesaron las inclemencias.
6.- Las orejas que se fueron. Se cortó una. Pudieron y debieron ser seis. Los presidentes están a lo suyo (en el primer y segundo toro), el público preocupado de la lluvia y los toreros hicieron el resto.
7-- Se ha recordado hace poco la corrida del siglo, con toros de Victorino. Con mayor o menos recorrido y posibilidades, ayer salieron seis toros impresionantes, de los cuales segundo, tercero, cuarto y sexto eran de triunfo. Si ayer las cosas hubieran funcionado como es debido (presidentes, público, viento y estocadas), hoy hablaríamos de otra corrida histórica con cinco o seis orejas cortadas y los dos actuantes saliendo mano a mano como vencedores en Lepanto.
Por todo ello, resulta difícil resumir en una línea. "Ha estado bien", "entretenida", "mejor de lo esperado" son frases tópicas que se suelen comentar tras el festejo. Ayer hubo de todo y para todo pero, efectivamente, qué distinto habría sido si los alguacilillos hubieran tenido que salir al tercio varias veces. Y vayamos a las otras líneas visibles, lo que se vio, lo que vimos:
1.- Paco Ureña acabó tras el primer toro ya como un ecce homo. El primer toro de Victorino fue típico de la casa: una alimaña. Ya Ureña había sido cogido mientras muleteaba con entrega y fue de nuevo prendido al entrar a matar. Completamente roto, más todavía, desmadejado y herido en sus sentimientos, no quiso abandonar el callejón en el resto de la corrida. Si a alguien no le dan una oreja por esa entrega y valentía es porque el público está ya con los gintonics y porque el presidente es el maestro Ciruela.
2.- Le está costando a Emilio de Justo soltarse. Antes de aquella fatídica voltereta, era lo más parecido en el desmayo a aquel gran Joselito. Esta pose de encajarse y relajar los hombros lo pudo hacer solo en su segundo. Solo los errores del final de la faena hicieron que perdiera una oreja clara.
3.- El Ureña que se entrega, se despatarra, se encaja y vacía la embestida se vio en el tercer toro. Hubo un par de tandas despaciosas con un bellísimo cambio de mano y mira que es difícil eso con la acometividad del Victorino. Si no llega a pinchar, le dan las dos orejas. Pero tuvo que conformarse con una.
4.- La emotividad del brindis a Álvaro de la Calle por parte de Emilio de Justo en el cuarto toro se vio después molesta por la lluvia y la intensidad del viento. Porque en seguida se apreció que el toro era potente, bravo y con posibilidades. Duele decirlo pero no encontramos al Emilio de Justo de antes. Hubo alguna serie enorme, sobre todo al comienzo, rotundo en el toreo en redondo. Viento, lluvia y bravura no son buenos aliados. La faena fue destoreándose, deshaciéndose como un puzzle a punto de completarse, cuando faltaban las últimas piezas que habrían formado un conjunto histórico. Y como el soldado ante el túmulo de Felipe II, que poetizaba Cervantes, fuese y no hubo nada.
5.- Volvió el peligro, volvió el peligro sordo (brillante sinestesia). Lo intenta Ureña, se desplanta y está al borde de nuevo de la cogida. Es otro toro puramente Victorino. Consigue una media estocada y el toro sale huyendo cogiendo sin consecuencias al subalterno Agustín de Espartinas. Estos toros no quieren a nadie mal puesto. Una muerte lenta, brava, despaciosa. Eso también es el espectáculo.
6.- Director era el nombre del sexto toro. Alguien que manda, alguien que orienta, alguien que dispone. Que necesitaba a otro director en frente, otro CEO, como dicen ahora las grandes empresas. Alguien con mando en plaza. El toro humilla como los grandes victorinos, se entrega. Consigue Emilio de Justo llevarlo muy bien en las dos primeras series. Con la izquierda se atasca un poco pero el toro por ahí tiene poder, tiene velocidad, tiene entrega. La faena es intermitente, por debajo de la calidad del toro, pero hemos visto algunos muletazos excelsos y un pase de trinchera que aún dura. Hay que matarlo. Pueden ser dos orejas. Falla con la espada. El presidente no se atreve, por no contrariar al diestro, a sacar el pañuelo azul de reconocimiento del astado. Ha sido un toro excelso.
Las líneas visibles se sobreponen a las emocionantes e invisibles. Lo que se vio ayer no es todo lo que pudo ser.
Con más calma y meditación, en la sección de artículos repasaremos lo que ha sido este San Isidro. Que se fue. Como la Nochebuena. Que se viene y nosotros nos iremos aunque volveremos. Pero ha sido más menos que más.
David Ferrer, 5 de junio de 2023.
Paco Ureña, asentado, valiente y profundo.
Es lógico pero a Emilio de Justo le pesa aún la rigidez de la recuperación tras tan aparatosa voltereta del año pasado. Volverá a lo grande.
El Rey. El Alcalde de Madrid. El ministro de cultura, el consejero de Madrid, Carmen Calvo... Añoranza de cuando todo el espectro político iba a la plaza.
¿Por qué gritan? Preguntaban dos neófitas que confesaron estar por primera vez en Las Ventas. Pobrecillas, pensé yo. Esta plaza tiene las cualidades por arquitectura, ambiente, solemnidad e historia para hacer nuevos aficionados pero también para expulsarlos. Cuando terminó el festejo, con la lluvia de nuevo amenazante y tras una bronca de categoría al genio de Morante, las dos recién bautizadas bajaban los tendidos con el gesto algo contrariado y la sensación de no saber qué habían visto. Si era bueno, si era malo o aquello o era una concentración de la maldad en un círculo. Lo del no saber qué se ha visto nos pasa a veces, como ayer, incluso a los que llevamos años acudiendo a las plazas. Y la frase de no vengo de nuevo a Las Ventas la decimos cada tarde, así como lo de no vuelvo a ver a Morante... hasta que lo veamos anunciado en el próximo cartel. Qué bien torea Morante... algunas tardes.
Antiguamente existían "manuales de buenos modales para señoritas". Se cotizan hoy en día muy bien como curiosidad en las librerías de viejo. En lugar de tanta tontuna de Plaza1, tampoco estaría mal que la empresa publicara un opúsculo que se llamara "manual de buenos modales para aficionados". Podría llevar además una addenda o añadido que dijera: "La educación y la cortesía para dummies, incluidos los del 7". Una vez más Las Ventas fue un griterío, un despropósito, un gallinero de voces en los momentos más inoportunos. No sé qué impresión se llevarían esas dos espectadoras. Espero que se tomaran un buen copazo en la verbena posterior y dijeran a sus amistades: qué bien lo hemos pasado en Las Ventas, el próximo año volvemos. Si no, la llevamos clara. Un espectador del 4 le dijo a Morante: "Morante, que te vote Txapote", lo cual fue repetido por otro del 3. Aquello era como en la guardería o el colegio. Cuando un niño dice "culo y caca", el resto lo repiten como papagayos. Así de simples son algunos. La moda del "viva España" parece que ha ido atenuándose, aunque de vez en cuando alguna loca lo suelta en lo mejor de la faena. Y se quedará tan ancha. Pero Castella se encontró ayer en el sexto con un toro dificultoso. Un descerebrado entre el 6 y el 7 gritó "estás fuera de sitio". A los diez segundos el matador francés volaba por los aires prendido por un animal astifino de imponente arboladura. Toma colocación, buenos modales y oportunidad.
Es triste, por tanto, que lo que uno recuerde de una tarde sean estos momentos tan inoportunos. Lo cierto es que la corrida comenzó rara: con el abrir de paraguas y el desembalaje de los plásticos para una lluvia que luego no fue tanta. Estaba todo el que quería estar y, como suele ocurrir en estos carteles grandes, estaba quien soñaba con que ese sería el día. Así es este espectáculo: de la ilusión a la desesperanza en tres cuartos de hora. En el patio de arrastre me encuentro con Luque Teruel, el presidente de Sevilla que concedió el rabo a Morante. Estoy seguro de que venía con la ilusión de otra jornada histórica. El ambiente no estaba, sin embargo, muy morantista. La verdad es que no sé de qué estaba el ambiente. Los toros salieron como tantos de la feria: más o menos bien presentados, noblotes, mansurrones y con el ánimo bajo. A Morante se le hizo bola su primero al cual mató tras varios intentos. El quinto no lo vio claro, quiso hacer de trilero, intentar que el presidente lo cambiara, para lo cual permitió que su picador se durmiera ejecutando la suerte. El toro era después un peluche narcotizado. Bronca. Así son las cosas, pero volveremos a ver a Morante. Al menos nos dejó dos verónicas. Vaya dos verónicas. ¿Cómo se llama eso que ha hecho? preguntó una de las dos recién llegadas.
Si Morante torea bien, a los compañeros de terna se les hace un nudo en el esófago. Pero si torea mal y pega un petardo, se vienen arriba. Mira por donde Morante es bueno para todo y para todos. Algo así debió pensar Uceda Leal en el cuarto. Es un veterano elegante y estilista pero torea poco. Y eso se nota. No es lo mismo llegar a Madrid casi de nuevas en la temporada que venir con un bagaje de orejas en Calasparra y Tomasilla de la Encina. Eso por lo menos da rodaje. Su oponente, corniveleto y algo feote, tenía una embestida franca que a Uceda le costó encontrar. Cuando lo hizo, ya se había pasado media faena aunque ahí llegó lo mejor. Hubo una trincherilla despaciosa y una serie al natural y otra en la derecha de verdadero encanto. Mató el toro como solía siempre. Con perfección, parsimonioso, certero y elegante. Es torero de Madrid y se llevó una oreja, de la cual nos alegramos todos. Vuelvo a lo de antes: con una docena de contratos este torero nos daría grandes tardes.
A Castella se lo vio algo preocupado. Primero por superar a Morante, que ayer fue cosa fácil. Cortó una oreja facilona en el tercero con una faena intermitente, muy por debajo del triunfo del otro día. Hubo más voluntad que belleza, más ganas que eficiencia. Una faena sobre todo con la izquierda con una estocada de efecto rápido que predispuso al público. El diestro francés vio en el sexto la oportunidad de coronar su feria. Lo mejor el tercio de banderillas con dos pares soberbios de Rafael Viotti. El algodón fue deshilachándose y arreciaron algunas voces. "Estás fuera de sitio", "colócate". Ponte a hacer una obra de arte con unos mendrugos diciendo lo que has de hacer. Pues eso: primero una cogida, luego otra. Cuando abandonaba la plaza, ya en medio de la lluvia, después de la bronca hacia Morante, una buena parte del público lo recompensó con una gran ovación ya cuando el torero estaba en la puerta de cuadrillas. Los de las voces se habrían marchado. Sin vergüenza. Urge un manual de buenos modales para la plaza de Las Ventas. La exigencia es otra cosa. Así que esperamos ese manual. O yo no vuelvo.
David Ferrer, 3 de junio de 2023.
Dos verónicas y una media de Morante de la Puebla en lo que fue su único momento lucido.
Morante también aparece aquí. No se puede convocar a las musas todos los días.
Madrid, o al menos ciertos sectores de aficionados, cansa.
Qué pena.
Qué tristeza.
Una lástima.
Ayer no acudimos a la plaza y nos libramos de la lluvia, que cayó como un torrente antes de la corrida y a partir del quinto toro. Hubo un tiempo que era llegar la Feria del Libro y aguarle la fiesta a los libreros y a los aficionados de San Isidro. Llevábamos unos cuantos años sin tanta profusión de plástico y de paraguas. Me dicen que en los puestos cercanos a la plaza han hecho el agosto no con pipas o agua sino con plásticos e impermeables de los chinos que venden incluso a doce euros. Es la economía de guerra, estúpido. Pero ayer estábamos en casa a resguardo y en los comentarios de la televisión, a veces atinados, a veces excesivos, se oían unas lamentaciones de Jeremías. Ay, qué pena, con lo bueno que parecía el toro. Es un prodigio de nobleza pero qué tristeza la escasa fuerza. Una lástima este comportamiento.
A la corrida de Alcurrucén no le pusieron un plástico para la lluvia. Suele ser una ganadería de confianza y ha proporcionado grandes triunfos a las figuras. Pero ayer algo venía torcido con unas declaraciones del ganadero y con las eternas quejas del 7. Que si de escaso trapío alguno, que si la cuerna... Las típicas cosas que en el fondo luego se olvidan si el animal mete la cabeza abajo y proporciona unas embestidas de escándalo. Desde el primer toro, el de Urdiales, la corrida transcurrió en un ay, y no por peligro, como la de la víspera de Santiago Domecq o la de Escolar. Ay que se cae. Qué lástima que se viene abajo. Visto por la televisión parecía aquello La casa de Bernarda Alba o un funeral de tercera. Urdiales lo intentó por todos los medios: lo brinda al público, le roba unos estimables naturales y el toro dice que buenas tardes, que el ambiente está muy húmedo. Que de aquí no me muevo. Tanto que tiene que matar a toro parado aunque logra una gran estocada. El cuarto fue otro toro manso al que Urdiales le hizo lo que pudo y, finalmente, lo mató de otra gran estocada. Una pena. Una lástima. Una tristeza.
Se espera siempre a Talavante. Es un mago. Un encantador. Con dos cosas que haga (un cite de rodillas, una espaldina o cualquier otro truco) la gente se emboba y se pone de su lado incluso bajo los paraguas. En el segundo toro tira de efectismo sacándoselo a pasos lentos, como de ballet. Y acabose todo. Una lástima. Una tristeza. Una pena. Con la lluvia del quinto, vio Alejandro Talavante la posibilidad de un cante grande. Toma la muleta, se hinca de rodillas y le atiza una serie larguísima en esa postura con un pase cambiado que deja obnubilado a los tendidos. Eso es Talavante. Ese es Houdini, el gran mago. Tiene, sin embargo, en su cabeza improvisadora la obsesión por el truco, por el desafío, por la emergencia. Es por eso que la faena a partir de ahí fue irregular: algunas tandas cortas, otras con enganchones, sorpresas como el pase de las flores, cercanía. Por la izquierda el toro iba peor pero por el pitón derecho era lo mejor de la tarde. Pero Talavante busca el efectismo, ese gesto de sorpresa en los tendidos y esto algunas veces va reñido con el toreo más profundo. Soy de los que piensa que el toro tenía mucho más, que era un gran toro. Al final de la faena, Talavante se pone de frente para intentar unas bernadinas, de las que le sale una solo como un churro. Y los trucos se agotan. Ese toro merecía en ese momento una serie de derechazos clásicos y encajados. No obstante, el público estaba abducido por ese espectáculo de Houdini y, si llega a matar, a la primera le dan las dos orejas. Que habría sido una pena. Una lástima. Una tristeza. Triunfar sin torear.
In hic lacrymorum valle, en este valle de lágrimas estábamos, no ya por la lluvia sino por las condiciones de los toros cuando Luque en el sexto se enfrenta a un toro de faena imposible, que ya había creado un caos en banderillas. Pero este torero está en un momento inenarrable, por lo que no nos extraña que Roca no quiera alternar con él, como ha declarado en una entrevista llena de cobardía. Cuando nadie daba nada por el toro, Luque se sacó una de las tandas más despaciosas y templadas de la feria. De esas que se recuerdan. Solo eso ya vale una oreja si la estocada es certera. Que lo fue. Hubo una gran petición a la que, de nuevo, un presidente no atendió. Otro estafermo que a lo mejor tenía los pies fríos por la humedad y por la lluvia. Y es que Luque dio una enorme dimensión también en su primero. Qué pena, qué tristeza, qué lástima. Lo que podría haber ocurrido con Luque si los toros no hubieran dado tanta lástima. Pena, penita, pena de tarde. Qué tristeza.
Ojalá hoy con Morante lloremos de alegría. Y si no, pues otra pena, otra tristeza, otra lástima.
David Ferrer, 2 de junio de 2023.
Daniel Luque, con una tanda en el sexto.
Talavante, claro, mejor que el año pasado, pero no acaba de salirle.
¿Afeitados? Se oye eso con determinadas ganaderías.
Con un ojo en la corrida y otro ojo en las elecciones, parece que el sexto toro de la tarde se acordó de irse a votar. Fue como una metáfora de lo que iba a ocurrir pocas horas después. El toro cárdeno, imponente de pitones y de estampa, barrió un lado y otro del callejón que de repente se quedó vacío y dijo buenas tardes, hemos ganado. Parecía aquello Ferraz a las diez de la noche. Como las elecciones son algo cambiante, pues unas veces ganan unos, otras veces ganan otros y a veces ganan todos, este toro salió de nuevo ufano al ruedo, orgulloso de su hazaña, hasta que se lo llevaron para dentro de nuevo los cabestros. Toda una metáfora de la política. Unas veces se triunfa, otras se pierde.
La terna de ayer tenía el beneplácito electoral de la concurrencia. Del "todos los políticos son iguales" en medio de las broncas de días anteriores, se pasó ayer "a mí cualquiera me vale". Y, en efecto, los tres han dado muestras de querer ganar unas elecciones: a Fernando Robleño se le ha puesto cara de torero viejo, de maestría sorprendente; la ilusión de Román y su nueva forma de estar en el ruedo irradia a los tendidos y José Garrido es un torero que, desde hace años, se merece otros puestos y otros carteles. A Garrido por desgracia apenas lo pudimos ver pues el tercer, incierto de salida, se lo llevó por delante con una generosa cornada, de esas que te dejan alucinado por unas semanas. No le dio tiempo ni a estirarse. Román ganó ayer también unas elecciones aunque en las tres urnas que abrió no había ni medio voto. Tan sosos y aplomados que solo pudo decir aquí estoy, sigo de candidato. Román sale bien parado de la feria. Esperemos que se traduzca en algún contrato.
El día electoral estuvo lluvioso. Al romper el paseíllo comenzó el run run de movimientos: sacar los plásticos del bolso, colocar los paraguas, ponerse el gorro. Como no sabíamos si el festejo se iba a suspender en el primer o en el segundo toro, Robleño pensó que o ganaba las elecciones de salida o la tarde se le iba. Una faena intermitente, con un toro complicado al que le fue sacando espléndidos muletazos uno a uno. Todo a golpe de voz. A golpe de muleta. Y este torero, que venía de una meritoria tarde con los otros cárdenos, acarició una oreja que le hubiera abierto media puerta y la gloria de la feria. Ay, las espadas.
La corrida se arregló con cambios de turno, debido a la triste cogida de Garrido. El quinto, algo protestado por su fuerza, fue un toro excepcional. De esos que, de vez en cuando, echan Victorino o Adolfo, de los que antiguamente tenían un cortijo en cada asta. O un ayuntamiento o una Moncloa. Era un toro para votarlo en masa, para vitorearlo y crujirlo. Salieron aquí algunos de los mejores naturales de la feria: despaciosos, poderosos, con mando. Con sabor añejo. Un pase del desdén de los de siempre. Sin alharacas ni miradas a la concurrencia. Todo para el torero, todo para el toro. Nos quedamos quizá con las ganas de una serie más por ese pitón izquierdo, sacarlo más a los medios para lucirlo, para ahuyentar quizá el mal augurio del pucherazo de la espada. Que volvió a fallar. No obstante, sin orejas, Madrid nombró ayer a Robleño alcalde con mando en plaza, triunfador nato. Y sin abrir una urna.
No hubo más. El herido fue quien más perdió en estos comicios. Román sale reforzado como si fuera un partido emergente y Robleño, afilando esas espadas, va a ser alcalde de Madrid, de esta plaza, un largo tiempo. Se lo merece.
David Ferrer, 29 de mayo 2023.
Fernando Robleño, con un par de tandas templadas y despaciosas con la izquierda
Esperábamos a José Garrido con ilusión. Una fea cornada impidió verlo. Que se mejore pronto.
Hoy en día sorprenden tanto los saltos al callejón porque los toros actuales, tan selectos y mermados, no tienen ni fuerza. Un espectáculo.
La corrida debió suspenderse al acabar el segundo toro. Tampoco habría pasado nada. El público recuperaría hora y media de su vida para reflexionar o para tomarse un vino y, fundamentalmente, para seguir soñando. Porque a partir de ahí la corrida se partió, como se deshicieron los toros. No en vano a Francisco de Manuel, el tercer torero de la terna, le devolvieron dos toros. Y aunque las labores de Florito son siempre eficientes, se alargó todo demasiado. Y es que no hubo más: De Manuel es torero elegante y valiente a la vez y lo intentó, tanto que hasta sufrió una fea cogida que lo elevó al cielo de Madrid y sin querer y por azar por poco descabella a un espectador de la barrera, pues el verduguillo salió disparado como un resorte. Urdiales brindó al público el cuarto pensando que tendría mucho más pero fue un sueño. Aguado lo intentó de nuevo con el quinto pero solo pudo demostrar que esta tarde sí que estaba centrado en Las Ventas. Y que su toreo no es un sueño. En el sexto destacaron unas chicuelinas al paso de Francisco de Manuel pero el sueño se acabó pronto. Debe decirse en este punto que algunos toros fueron aplaudidos en sus salidas: imponentes arboladuras, altos como un Rolls Royce de los antiguos pero con la fuerza escasa y el motor gripado.
No podemos decir que fuera un sueño lo vivido en los dos primeros toros. Si Sevilla lució en los capotes, como la memorable tarde de Morante, Urdiales y Ortega, no podemos decir lo mismo en esta feria. El viento o las condiciones de los toros han impedido cualquier floritura con los capotes. Pero llega la decimosexta de abono y el sueño se hizo realidad. Alguien pensará que nos conformamos con muy poco: que si unas verónicas, unos delantales. Y con medio toro. Pero esto fue así, y los sueños o se escriben o después no hay manera de contarlos.
Esta web se llama La despaciosidad. Y para comprender qué significa eso, recomiendo que vean los videos de los lances con el capote de Urdiales y Pablo Aguado en sus primeros toros. Porque además hubo competencia en quites. Cuando la gente se estaba asentando y mirando al cielo por si caía otra vez un aguacero, Urdiales recibió a su toro con garbo capotero. Tras la entrada al caballo, le soltó tres verónicas y una media - t r e s v e r ó n i c a s - (lean esto deletreando) tan lentas que duraron más de lo que yo tardo en escribir este texto. Y el sevillano Pablo Aguado, que tiene el ánimo a veces bajo pero un capote excelso, respondió con otras tres; y después volvió Urdiales. Y hasta aquí.
En el segundo fue Aguado el que inició la sinfonía, así que repítanlo despacio: c u a t r o v e r ó n i c a s y u n a m e d i a. Así musitándolo a lo que Francisco de Manuel contestó en tono algo menor pero esforzado. Y llegó la hora de la muleta: con esa habilidad que tiene Pablo Aguado como el que torea con el viento. Presagiábamos algo excelso, extraordinario, un sueño hecho realidad. Que quedó a medias por el motor gripado de ese toro.
El bálsamo, la placidez narcotizante del toreo se esfumó. Volvieron los gritos, las chanzas, las broncas. Fue todo distinto. Se acabó la corrida a la muerte del segundo. Yo no puedo decir que fuera un sueño, como decía Terenci Moix en aquella famosa novela sobre Cleopatra. No fue un sueño. Toda la plaza lo vio y lo sintió. V e r ó n i c a s t a n l e n t a s.
David Ferrer, 28 de mayo 2023.
Francisco de Manuel apunta mucha calidad pero ayer no tuvo suerte.
Urdiales, Aguado, Aguado, Urdiales. Manos de seda.
"La lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado" decía Borges en un emotivo poema con el recuerdo de su padre. De tardes de lluvia todos los aficionados tienen memorias gloriosas. Pero mientras llueve te acuerdas de la madre que la trajo. En el primer toro de ayer, mientras Perera intentaba hilvanar una faena, cayó un torrente. El espacio entre los asientos se encharcaba, el paraguas del vecino de atrás era un caño abierto y algunos intentaron salir despavoridos por los estrechos vomitorios. Sí, claro que la lluvia es algo del pasado, pero mientras cae te has puesto tibio. Lo peor de la tarde no fue la lluvia: arreciaron las tormentas de protestas, los gritos contra el toro, la sensación de desencanto. El cartel andaba desconfigurado. Y eso no se entiende en una plaza como Madrid: tres toros de una ganadería y tres toros de otra. ¿Corrida concurso? ¿Desafío ganadero? No, remiendos de despacho. Hay decenas de ganaderías en España a las que apenas llaman por diversas razones: por su tipo, por su supuesta fiereza o su mansedumbre, porque han pasado de moda o porque las figuras no se atreven. Las hay. Pero la empresa conforma un cartel con tres y tres que luego fueron cuatro y dos. Algo huele a podrido en Dinamarca. Y lo peor es que el público se aficione a llamar gato a un toro manso o bravo.
A mí me parece bien que un toro se proteste de salida y en el arrastre. Es el elemento imprescindible del festejo. Lo que no me parece adecuado es que mientras un torero está abriendo los caminos, conformando su faena, y debajo de la lluvia, los simpáticos del 7 monten un número del musical Cats y digan a cada pase "miau". La faena no llegaba al tendido, bien por la condición del toro, bien por la incesante lluvia. Perera se ponía firme y entregado, como suele y el coro del musical gritaba Miauuu. Lo intentaba por la derecha y Miauuuu. Por la izquierda, Miauuu. Encima remató al supuesto gato con un bajonazo. Miauuu.
Los números serios del musical los protagonizaron Javier Ambel y Curro Javier en el cuarto. Qué prodigio de subalternos, qué precisión en el capote, qué entrega con las banderillas. Aquí no hubo mu ni miau. Y es que Ambel lanza el capote al suelo como si extendiera elegantemente una alfombra turca y el toro toma el engaño con prontitud y humillación. Y Curro Javier se expone, cuadra delante del toro y clava donde tiene que hacerse. Ni la lluvia ni el viento ni la condición del toro importaron en esos momentos tan precisos. Después Perera empezó una faena que parecía de cante grande y que se fue apagando. Manseando, el toro se iba acercando a las tablas lo cual no amilana al torero. Podría haber cortado una oreja si no llega a transformar el musical de la tarde en un sainete con la espada. Miau. Ahí sí.
Teníamos esperanzas en Ginés Marín pero no pudo hacer nada. Y Talavante volvió a ejercer ese toreo magnético, casi místico. Dice mi admirada Karina Sainz Borgo, escritora extraordinaria, que Talavante torea en endecasílabos. Una especie de perfección técnica unida a un ritmo musical y métrico. La faena al quinto no fue tan rotunda como las de antaño. Y se ciñe a uno de los guiones de la feria: empezar por estatuarios y acabar con manoletinas y bernadinas. ¿A cuántos se lo hemos visto ya en este San Isidro? Pero ya se sabe que los musicales son precisos y de escasa improvisación. No obstante, Talavante sí es dueño de una improvisación sin límites y entre ese principio y final esperables, hubo unas series de derechazos y naturales extraordinarios. Con los que consigue no solo traer al toro sino dejar embobados al tendido. Bien por Talavante. Esa es la actitud.
En los musicales se acaba con una apoteosis. En Cats los gatos se reúnen a cantarle a la luna. En este musical de Las Ventas, en esta gatomaquia cantada entre tormenta y gritos, quedó una sensación de desencanto. Pese a los llenos, pese al ambientazo, no va bien la feria. No ha habido cosas rotundas y estamos viendo toros muy penosos que para muchos son gatos. O cualquier torero tapado lo resuelve esta semana o Morante revienta la feria el viernes. No queda otra. Miau.
David Ferrer, 27 de mayo 2023.
Talavante. No acaba de romper pero es otra la actitud.
Los toros. Un desastre.
Lluvia. Viento. Gritos. Protestas. Jerusalén un jueves santo.
Matilde y su amiga tenían comprada su entrada para esta corrida desde hacía dos meses. Lo decidieron tomando un café en una mañana en su pueblo de Toledo sopesando seriamente el cartel elegido. Esta debe ser la buena, dijo doña Matilde a su amiga. Torea ese chico tan guapo, ese otro pobre que lo cogió feamente el toro y Roca, que dicen que es lo más. Cuando se pusieron a la venta las entradas, cogieron dos del tendido bajo del 8, reservaron por Airbnb un pequeño estudio por La Guindalera y sacaron entradas para ir al teatro la víspera a ver una comedia. Tres días en Madrid. Y todo desde el móvil. Desde que me ha enseñado mi sobrina a usar el iPhone no paro de hacer cosas.
A Matilde Manzanares no es que le parezca guapo. Es lo siguiente. A su amiga le ha gustado más el vestido de luces de Emilio de Justo, con su pelo tan moreno, que contrasta con un terno grana elegantísimo. Solo han ido a los toros en Toledo, alguna vez en Brihuega y a Cuenca y la amiga recuerda que su padre la llevó una vez a Vistalegre, pero no recuerda mucho del cartel. El ambiente las ha emocionado, el paseíllo tan lustroso, se han hecho fotos con un par de famosos y, una vez salido el primer toro, han aplaudido todo lo que han podido al guapo torero de Alicante. A medida que transcurría la lidia, en el tendido contiguo arreciaban las protestas: unos gritan "toro", otros increpan al torero. A Matilde esto no le gusta, y no entiende mucho de que pidan un toro. ¿Ha salido acaso una cabra? Cuando acaba la faena, hay una ovación a Manzanares a la que ellas se suman gustosamente.
En el segundo toro se aburren un poco. Qué bonitas esas vacas, dicen cuando aparecen los cabestros de Florito. ¿Has visto como se han llevado al toro? Después no pasa nada. Compran unas almendras pero dejan de comer en el tercer animal, cuando comparece Roca Rey. Pasan unos banderilleros a un lado y a otro y Matilde se da cuenta de que hay un cierto desorden. El tendido 7 anda ya encrespado. Roca comienza con unos estatuarios. Anda, mira, qué bonito, dice su amiga. Y en seguida llegan chuflas de algunos espectadores: miaaauu, miaaauu. ¿Por qué dicen eso? se preguntan. ¿Será porque es un toro bonito como un gato? A ratos aplauden, a ratos no saben qué hacer, algo cohibidas en el ambiente de la plaza. La tarde se está marchando y no parece que ocurra nada. A la amiga le duele un poco la cabeza de tanto grito y tanta voz. Pero en el quinto se les ha puesto la carne de gallina con un par de series de Emilio de Justo. Oye, que este también es guapo y mira cómo se arrima. En efecto, está el torero extremeño doblándose por bajo, haciendo que el toro de Puerto de San Lorenzo se entregue con codicia. Hay series muy ajustadas y a las dos amigas les sorprende el claro ole con un doblón por bajo al final de una serie. Este corta dos orejas, ya ye digo. Ha valido la pena, dice la amiga. Pero estallan en un ay cuando Emilio de Justo falla con la espada. Con Roca Rey en el sexto el ambiente no mejora. Ha sido una tarde rara.
Matilde y su amiga salen algo desencantadas de la plaza. No han acabado de comprender tanta protesta, tanto griterío, tanta exigencia, tanto ruido. Vinieron a pasarlo bien y tienen la sensación de que han acudido a un examen con trescientos profesores regañando desde el tendido. Ayer se rieron mucho en el teatro, eligieron bien la comedia. Hoy tienen la sensación de que se han equivocado de espectáculo. Menos mal que una ración de ibéricos en César Las Ventas con cuatro vinos espléndidos las han puesto de nuevo en el camino. Mañana de vuelta al pueblo. El próximo año ya veremos.
David Ferrer, 26 de mayo 2023.
Emilio de Justo. Hubo alguna serie despaciosa y templada, y un trincherazo inimaginable.
Manzanares debe hacer más.
El griterío. El lío. El baile de corrales. Lo de siempre.
En una de esas corridas de verano, en las que estamos doscientos aficionados y mil extranjeros, me preguntó un holandés por qué la gente se preocupaba tanto de un señor en el "balcón". ¿Es el Rey? Le expliqué en inglés que era el que repartía los trofeos de la tarde y el que administraba los tiempos y protocolos. ¿Un árbitro? Algo así. ¿Y por qué la gente se enfada con él? Porque a veces se lo merece. Is he a politician? ¿Es un político? En algo se parece a ellos. ¿Y lo ha puesto el Rey en ese sitio? No, el Rey tiene su palco, pero viene poco. ¿Enseña a los toreros? ¿Es un profesor? Más bien los toreros le enseñan a él. En la plaza sucedían cosas pero el holandés andaba más preocupado por la cuestión burocrática de un señor que hacía y deshacía desde un palco. En esos países de la Europa central preocupa mucho, por lo que parece, el por qué de los puestos y cómo se gana un señor su sueldo.
No creo que ser presidente en una plaza de primera sea fácil. Pero los hay más simpáticos, como el juez Luque Teruel de la Maestranza, y otros que lo son menos, con rictus de comisarios en horario de guardia a las seis de la mañana. Ayer nos tocó uno de esos. Y hubo motivos para el enfado. Quienes somos profesores sabemos que hay que valorar al alumno en función de sus circunstancias. Francisco José Espada, el tercer torero de la terna, no es Roca Rey ni Morante, que llegó el año pasado a cien festejos. Por el contrario, apenas sumó seis corridas en una temporada que debió hacérsele eterna. Y ya estamos a mayo y ayer toreó su segunda. Así están las cosas. De modo que al muchacho le sale un toro potable de Algarra, inicia con unos preciosos estatuarios, un par de buenas series, cambia con la mano izquierda, echa la pata "p´alante" como se decía castizamente, sorprende con unos despaciosos y largos pases de pecho. Y el pobre chaval tiene la osadía de matar correctamente. Y el público en lugar de apurar el gintonic se levanta de su asiento y pide la oreja. En esos segundos preciosos el presidente mira a un lado y a otro. Uy, en tal tendido faltan cien pañuelos, en el sol hay una calva, y en el 3 una señora que se hace un selfie. El chatarrero anda preocupado con una señorita. Faltan pañuelos. Puede que la faena no fuera perfecta para la exigencia de Madrid, pero Francisco José Espada demostró que sabe torear y que merece superar las seis tardes de 2022. Pero el presidente, arrugado y serio, un estafermo, se lo impidió. Encima se llevó una cornada. El torero, no el presidente.
Con Román no le quedó otra. Ha superado los fantasmas de su cornada, es un dechado de bonhomía y de conexión con el público joven y ayer se puso en sus dos toros.Y encima los mató por arriba. Como debe hacerse. El señor del palco, un estafermo (dícese de un pasmarote, persona pasmada o embobada, según el diccionario) debería aprender algo de su homólogo de Sevilla o de la bondad risueña que transmite Román a los tendidos. Pero es que encima el torero valenciano no es Jesulín. Nadie daba nada por ese quinto toro. Y Román fue acoplándose, dándole su sitio hasta que el animal metía la cabeza y las series iban saliendo con un peligro latente. Tuvieron mucho mérito las tandas por la izquierda y hasta las manoletinas finales. Una oreja indiscutible. ¿Por qué se ha quedado Román fuera de Valencia en el mes de Julio? ¿Por qué, Nautalia?
En los tenidos había de nuevo sombreros mexicanos. Dicen que había un gran torero llamado El Payo. Ni se le vio ni tuvo suerte. Pero pareció además un poco asustado por la trascendencia del sitio. Y eso que la Monumental de México alberga el doble de espectadores. Dejó, eso sí, un buen quite breve por chicuelinas y una media lentísima, mexicana, tan larga como un trago de Chavela Vargas. Pero la tarde decididamente era ya un mano a mano, y contábamos con un sobresaliente que se había situado en el palco. Que ni gesticulaba ni sentía. Un estafermo en el palco.
David Ferrer, 25 de mayo 2023.
Al alimón, Román y Espada, Espada y Román, valentísimos ambos
El señor del palco
Pasó un mexicano. Pasó.
Hubo un tiempo en que las novilladas creaban una expectación inusitada. Eran festejos de categoría, con unos animales que se diferenciaban poco o incluso superaban a los toros que se echan en algunas plazas de segunda. El novillero era un gladiador joven dispuesto a todo, una suerte de San Jorge sin lanza al que le lanzaban los dragones más fieros del momento. La situación actual de la tauromaquia hace que, efectivamente, salen novillos casi-toros pero el festejo se asemeja más a un examen de oposiciones, de esos en los que hay diez plazas para quinientos aspirantes. Y si alguien dice que miento, que mire cómo está el escalafón novilleril. No hay sitio en los carteles para más de diez alternativas.
En las oposiciones de ayer no hubo dragones sino novillos más o menos bravos, que se dejaron torear con mayor o menor fortuna. Es cierto que los tres aspirantes son de lo mejorcito que hay ahora en el escalafón de novilleros, vienen con pruebas previas aprobadas y se suele hablar de ellos, aunque no tanto como se hacía con los antiguos novilleros, que creaban verdaderas expectativas. Ayer había dos Jorges y un Sergio, no eran san Jorges porque tampoco lo necesitaban, ni los novillos de Montealto, alguno con mayor dificultad que el resto como el quinto, fueron dragones de escamas y fuego en la boca.
Jorge Martínez se ha presentado ya a varias de estas oposiciones. Lucía un precioso terno ya más de matador que de novillero. Se lo ve asentado, con buena postura y podía haber cortado una oreja al primero de su lote, si no fuera porque el público estaba pendiente de si llovía o tenía que sacar los plásticos. De momento, como en las oposiciones, aprueba pero se queda sin plaza. Jorge Molina tiene un punto mayor de arrebato. Se sobrepuso a una brega infame durante el quinto, que parecía mansear y salir despistado. Los banderilleros intentaron ponerle banderillas como pudieron: es decir, a la media vuelta, con el brazo atrás a ver si caía y mirando a las tablas buscando la huida. La papeleta de este examen parecía imposible. Aún así, Molina se enfrascó en la faena, con un inicio excelente, con una serenidad combinada con atrevidos pases por la espalda. De estos recursos yo creo que no hay que abusar: sorprende una vez, como hizo Castella el viernes, pero dar tres pases por detrás ya es demasiado. Y en las oposiciones los trucos de utilizar fluorescentes o post-it de colores no suelen gustar mucho. Se le atascó la espada y perdió también una oreja aunque lo cierto es que este otro Jorge, Jorge Molina, ha dejado buen cartel en Madrid.
Se ha hablado mucho últimamente de Sergio Rodríguez. Bueno, mucho, mucho es un decir. Se habla como se habla ahora de temas de tauromaquia en pequeños círculos y de buenos aficionados. Lo cierto que el apoderado de Sergio Rodríguez, novillero abulense, es Antonio Pedrosa, alguien que aprendió el oficio sufriendo los altibajos de José Miguel Arroyo Joselito en sus últimos años y bajo la mirada de Enrique Martín Arranz. Anda, que no se aprende ahí. Se nota entonces que Pedrosa lo está haciendo muy bien con Sergio Rodríguez: buenos circuitos seleccionados, presentación en Valencia, en Madrid y dentro de muy poco ya en Sevilla. Ayer no tuvo suerte y se llevó encima en el último toro un esguince o alguna rotura de regalo. Tendrá que corregir en los tentaderos o ante el espejo algunas poses algo forzadas pero aparenta ser un torero poderoso, de mano muy baja, y eso en cualquier oposición como las novilladas es llevarse al público y al tribunal de tu lado. Mejor en el tercer toro que en el sexto. Aprobó pero se le espera para otra convocatoria.
Dos Jorges y un Sergio sin dragones. No hay que desesperarse. La condición del novillero es la de esperar, la de que lleguen los momentos y, cuando se pueda, pegar el salto al escalafón superior donde serás el primero entre los elegidos o uno más del santoral, al que no ponen ni una vela los domingos. De momento, ánimo para los tres. Quedan nuevos exámenes. Y habrá dragones.
David Ferrer, 24 de mayo 2023.
Jorge Molina, tiene un concepto del temple.
Público algo frío con los novilleros.
Pudo haber más, pero tampoco a los novilleros se les puede pedir más.
En la tarde de ayer no se vio a una sola persona bostezando. No daba tiempo. En los tendidos de sol apenas se vieron bolsas de pipas y en los de sombra se vendieron menos gintonics que de costumbre. Estos combinados, por cierto, son un rejón de castigo o una estocada atravesada: a once euros en un vaso de plástico. Pero es que en la verbena, una coca cola se cotiza a cinco. Viva Ayuso y su promoción de la hostelería. Lo cierto es que el público de ayer era algo distinto al del viernes (en la de rejones siempre se cambia) y venía con más ánimo de ver y menos de gastar. Ya vendrán de nuevo Talavante, Manzanares, Roca Rey y Morante para que los bares de la plaza hagan de nuevo su agosto en este mayo que parece marzo. Por otra parte, ayer hubo una colonización mexicana en los tendidos. Se vieron camisas floreadas, banderas y hasta algún sombrero enorme. No es para menos: México tiene un torero. Que estuvo ayer irreprochable.
La tarde fue más larga pero nadie se levantó del tendido. Transcurrió entre un ay, un uy, un ey, un madre mía. FuenteYmbro tiene toros de todos los tipos y ayer se trajo los más astifinos y devinieron dificultosos y complicados en el último tercio. Uy, madre. Ay que lo coge. Cuidado por ahí. Ojo ese pitón. Ayayay. Si hubiera sido una tarde de figuras, las exclamaciones e interjecciones habrían sido menos pero los tres valientes de ayer se juegan mucho. Adrián de Torres torea poco pero tiene buen ambiente y, por ello, se ganó a última hora la sustitución de El Fandi. Juan Leal es un torero francés de corte tremendista y de cercanías y el mexicano Leo Valadez viene a conquistar la madre patria (o la padre matria, ya me lío con los nuevos términos) con su toreo vistoso, colorista y variado. No salió ninguno por la Puerta Grande: Valadez casi lo consigue pero por suerte tampoco salieron por la de enfermería, y eso que de Torres hizo una larga visita.
Cuando los toros son dificultosos, se torea como se puede, más que como se sueña. Los tres alternantes traían seguramente una faena prediseñada del hotel con la esperanza de que les saliera ese FuenteYmbro codicioso y de carril con el que triunfar un domingo en Las Ventas. Pero los toros se revolvían, lanzaban tarascadas o se aplomaban momentáneamente para sorprender en el siguiente pase. Hubo uno, el sexto, el que podría haber facilitado el triunfo del mexicano que de tanto perseguir al banderillero se dio de bruces con las tablas y se quedó tonto. Y ahí ahogado quedó el toro, la faena, el triunfo y la puerta grande.
Estos tres toreros necesitan más corridas. Necesitan experiencia. Necesitan variedad de toros. De lo contrario, quedarán relegados a corridas como esta donde no suena el ole sino el ay, el uy, el ayayaay. Así le ocurrió a Adrián de Torres, valentísimo aunque se le notan aún muchas imperfecciones. En su primer toro se llevó un revolcón de aupa y todavía quiso insistir al final con manoletinas. El público, que a veces es sabio, le dijo que esos pases de figurita para otra tarde. Ya con el primer toro el público había dicho veinte veces ay, uy, ayayay y nadie había abierto la bolsa de pipas. El diestro francés Juan Leal viene con fama de valiente, de aguerrido pero ayer se llevó el peor lote y las series le salieron como si Picasso fuera a hacer una obra de arte y termina haciendo borrajatos en una hoja cuadriculada. No lo veo.
El mexicano Leo Valadez fue la sorpresa. Trajo ese aroma barroco y colorista que se estila en México: hubo orticinas, hubo zapopinas vistosas y un dominio del capote extraordinario. En su primer toro cortó una oreja poderosa con derechazos muy ligados, no exentos de peligro, y unos pases de pecho despaciosos que todavía duran en la plaza. Con el sexto lo intentó pero el toro había quedado mermado con el porrazo antes referido.
Muy bien las bregas: Curro Javier estuvo excelso tanto con capote como con banderillas. Tiene este subalterno el pelo gris como los emperadores romanos. Y sus manos son un prodigio. Los menos agradecidos serán los vendedores de almendras y los que sirven el gin tonic: ayer se les deshizo el hielo y las almendras volvieron al cesto. La gente no abrió la bolsa de pipas pero por lo menos tuvieron que sacar una vez el pañuelo. Entre ay, uy, y ayayay. Hoy lunes se descansa.
David Ferrer, 22 de mayo 2023.
Leo Valadez, que vino con ansias de triunfo
Juan Leal, valiente y voluntarioso, es un enemigo del temple
Para un cartel modesto, con diestros poco conocidos, hubo una magnífica entrada
En el mundo actual, tan extraño, los maleducados critican a los que incumplen las normas cívicas, los turistas se quejan de que en la ciudad hay turistas, los conductores de que otros cojan precisamente ese día el coche. Todo esto se dio ayer en Las Ventas donde los gritadores compulsivos pedían a pleno pulmón que hubiera silencio. A mi lado en el tendido 6 un señor gritó: "Aprended del respeto de Sevilla". La invocación fue recibida con un irónico "Viva el Betis" pero la petición de respeto mutó en desatino cuando el hombre lo gritó ocho veces. Fue casi lo de menos. Manzanares padre, el genuino, se quejaba a menudo de los reventadores profesionales de algunas tardes. No sé si será el caso pero ayer daba la impresión de que una parte de los tendidos seis y siete estaban deseosos de aguarle la tarde a Manzanares, por seguir la tradición familiar, al ganadero (que es de toros finos y equilibrados) y al presidente (a quien tienen ojeriza por una oreja de más). Así que entre dimes y diretes, voces arriba, voces abajo, cállate, bocazas y quita el pico se pasaron sin pena ni gloria los tres primeros toros, por lo demás finos de estampa pero blandos de manos.
"Qué guapo eres Manzanares" se oía de tanto en tanto. Es un primor ver al torero alicantino hacer un paseíllo, con esa elegancia manifiesta. Decía Umberto Eco que la belleza duele mucho más que la fealdad así que ese grito despectivo se oyó varias veces cuando Manzanares quería ponerse. "Qué guapo eres Manzanares". Lejos han quedado aquellas tardes, como la del toro Dalia, en las que hubo una reconciliación entre este hijo del más grande y el tendido 7. Pero la bonanza se ha acabado. Lo cierto es que, como acostumbra en estas dos últimas temporadas, Manzanares no estuvo ni bien ni mal, que es lo peor que puede ocurrir en el toreo. Flexiona la pierna para los lances de recibo, compone la figura, tira líneas, mira las banderas, compara el ondear de la enseña de la comunidad de Madrid con la de España, cambia al toro, se pone de nuevo, se compone, se descompone, se recompone y vuelta a empezar. ¿Queda mucho? le gritaron en sus dos toros. El torero de Alicante entonces se perfila para la suerte suprema, con un estilo envidiable, una auténtica fotografía y... pinchazo. Esto no ocurría antes. "Qué guapo eres Manzanares".
Yo creo que Pablo Aguado no anda muy lejos en belleza pero a él no le gritan estos piropos. Y pese a que todos recordamos aquella faena antológica de Sevilla y algunas faenas extraordinarias en Madrid, no lo vemos en su sitio. Aguado necesita pararse a pensar qué está haciendo con su carrera, por donde quiere discurrir y volver a tirar del carro de la belleza como ahora está haciendo Juan Ortega. Parece una balanza que nunca se equilibra: si sube Ortega baja Aguado y viceversa. Porque Morante, claro está, es de otra liga, de otro planeta.
La tarde iba, como decíamos, entre dimes y diretes. Ponte aquí. Qué guapura. Fuera del palco. Pico. Y salió el cuarto de la tarde, Rociero. Bonito nombre para un toro que se lidia en mayo. La cuadrilla, especialmente José Chacón, que está este año inconmensurable, cuidó al toro, conscientes de que tenía cante grande. Y Castella, que reaparecía en Las Ventas como si fuera su confirmación (de blanco) quiso mostrarse como en las grandes tardes. Los estatuarios iniciales fueron magistrales y en seguida el toreo en redondo. Costó encontrar la dimensión del toro, su distancia: una voz le pidió sitio, ahí verdaderamente de manera educada y consecuente. Y Castella hizo caso al tendido. Y surgieron al menos dos tandas con la izquierda que fueron verdadera galanura, flores de mayo. Y rugió Las Ventas. Después volvió el torero francés a sus orígenes: a mancharse el vestido de luces, al encimismo, a ganar esta batalla. Estocada de ley y dos orejas.
Hoy sí un milagro. Porque no hubo nada más. Si un marciano acudiera a Las Ventas no entendería cómo se puede pasar de la bronca y del resquemor a la emoción en diez minutos. Pero la hora y cincuenta restantes quedan en el olvido. La belleza queda.
En unos airados debates que se producen en la web de El País tras las crónicas de Antonio Lorca, parece que a los antitaurinos les molesta que el público joven acuda de nuevo a las plazas. Como no pueden de otra manera, confiaban quizá en que el espectáculo muriera con la ancianidad de sus espectadores, como ocurrió con los casinos de pueblo y los vetustos vodeviles y revistas. Pues parece que no. Las Ventas y otras plazas se llenan cada tarde de veinteañeros que después en la verbena que comienza tras la despedida de los toreros gritan a pleno pulmón el himno de los Hombres G: "sufre Mamón". Pues eso.
David Ferrer, 20 de mayo 2023.
Una serie con la izquierda infinita de Castella
Manzanares. De aquí para allá.
Hay que ir con tapones a Las Ventas. El griterío es imparable. Y a menudo fuera de lugar.
Hay tardes para el olvido, tardes de toros que se ponen cuesta arriba, como ese piso plaza que hace años tanto le inquietaba a Morante; hay tardes triunfales y otras de susto. Lo de ayer no entra en ninguna de esas categorías sino más bien en el deseo mudo y secreto de un santo advenimiento, como quien va a un santuario y dice a ver si me toca, a ver si hoy es el día de los "jueves milagro", como en esa película de truhanes de Berlanga. Pero era jueves, los toros eran de garantía, el cartel rematadísimo y la parroquia, festiva, paciente y fervorosa, casi con velas en la mano, se aferró a ese misterio, a esa espera de que en el siguiente, en el siguiente toro será cuando ocurra el milagro. Y así toda la tarde. Ya viene, ya se acerca el milagro. La fe, los misterios de la fe. Tiene, por tanto, Morante de la Puebla esa virtud sagrada. Aunque a veces nos enfade, se le espera. Porque Sevilla lo ha esperado muchos años y fue un miércoles reciente de abril cuando ocurrió el milagro. Y en Madrid no pudo ayer ser jueves por lo que tendrá que ser para el viernes 2 de junio. Así son las cosas. Ese viernes, milagro.
Se dice de los toros de Alcurrucén que tienen un tranco extra, es decir un andar más largo que los hace felices y propicios para la muleta. Morante lo descubrió y exprimió con un gran Alcurrucén en la mejor faena de su vida en Madrid, la del año pasado. Que era de dos orejas. Pero su primer toro de ayer era de otro estilo, parado y despistado, como ese alumno que llega nuevo al colegio y confunde la secretaría con el gimnasio. Así andaba el toro, mirando para acá y para allá. Y Morante contrariado y el público, fieles devotos, rezando para que ocurriera algo en el siguiente.
Los milagros ocurren a veces pero no a todo el mundo ni en cualquier parte. No hay milagros en Manhattan. Hay tipos con suerte, sin embargo. Porque trabajan para encontrárselos. Los años de experiencia en el oficio no solo dan madurez y seriedad (el público ahora es más respetuoso) sino que aportan seguridad, de manera que el Juli sabe ver un milagro donde otros solo ven un par de destellos. Y a fe que el Juli supo aprovechar bien sus dos toros. Hubo alguna voz fuera de sitio que lo llamó "ventajista". Pero este es un torero al que no le afectan ni las voces ni los ecos. Si llega a rematar con la espada, el Juli se va ayer con dos orejas. Un milagro.
Mientras unos van buscando la aparición divina, el pozo seco, otros lo tienen justo encima y confunden a un santo con una nube de tormenta. Algo así le ocurrió a Tomás Rufo. Como le pasara a Ángel Téllez en esta feria, es cierto que la presión de Las Ventas es demasiado fuerte para unos toreros jóvenes y que están, con rabia e ilusión incontenible, a pocos metros de coronar la cima. A veces las cosas no salen bien o se equivocan las estrategias. Si te toca un toro que se llama "Pocaprisas" es ya una señal del cielo para torearlo como Dios manda. Despacio y por debajo. Hubo alguna serie extraordinaria pero la mayoría de los naturales salieron algo atropellados. El milagro fue languideciendo. Queda para la memoria algún cambio de mano y unas bregas y banderillas extraordinarias de Revuelta y Fernando Sánchez. Cada vez que aparece Fernando Sánchez enmudece la plaza.
El misterio de ayer fue cosa de minutos. El cuarto toro parecía algo más boyante. El Juli no desperdició su turno de quites, preciosas chicuelinas. Y a Morante últimamente no le gusta que le arrebaten el último trozo de pan. Y contestó por verónicas excelsas no bien rematadas por culpa del viento. Y cogió la muleta. Y empezó por estatuarios. Pero el toro duró dos series. Un par de minutos. Un fogonazo, una belleza en el cite, una despaciosidad anestesiante en los remates. Pero no hubo más. La fortuna, los hados o los santos decidieron que si este jueves era día de milagro, lo sería por unos minutos apenas. Y a esperar al siguiente.
Así son los misterios del toreo. Pasaron cosas pero no pasó nada. Lo vio mucha gente pero no lo vio nadie. El público salió meditabundo. ¿Lo he visto o no lo he visto? Como si alguien dijera "podéis ir en paz" y se levantaron como con un resorte. Hasta el viernes 2 de junio. Ese viernes, milagro.
David Ferrer, 2023.
Morante, en el inicio de su faena del cuarto, sun espejismo.
Tomás Rufo sabe torear mejor y lo hará.
Menos la suerte de matar, a Julián López el Juli le perdono ahora todo. Es un resucitador, un encantador de serpientes.
Hace tiempo que no voy al cine. Debería pero me da pereza y los tiempos han cambiado. Algunos conocidos que siguen acudiendo a tales templos del séptimo arte me confiesan a menudo: la película estuvo bien pero sobraron veinte minutos. Las plazas se están llenando, porque no se puede sustituir el ambiente previo de una corrida y la emoción cuando ocurre algo. Pero a veces en casa también se está cómodo y en Mundotoro te lo cuentan muy bien. Digo esto porque la corrida de ayer fue lenta y hasta en casa se me hizo larga. No quiero pensar para los que estuvieran en la dura y angosta piedra en este otoño de mayo. Pero a veces las cosas van lentas, y no por despaciosidad en el toreo, y nos alargamos diez, veinte, treinta minutos.
Para ser un San Isidro, era un cartel algo triste. Había una confirmación de alternativa, un veterano y dos toreros emergentes. El más nuevo, el mexicano, se sumó a una promoción de la Empresa Municipal de Transportes y llegó en autobús. Hace años había un lema en Madrid: "bono bueno el bonobús". No sabemos si con bono o billete sencillo, Fonseca se acercó de esa guisa a la plaza. Pues bueno. Pues el bono. Cualquier día una empresa de helicópteros traerá a algún matador por los aires y el zoo de Madrid alquilará los camellos de la Cabalgata. Se van perdiendo las formas y si hoy, aniversario de Joselito, se da día de descanso, poco importa que lleguen en autobús o en limusina.
Llevo dos párrafos hablando de anécdotas. Pero es que ayer me aburrí mucho. Los toros, salvo uno, sin gracia. Bonitos de estampa, pero sin empuje. Me dicen que Ángel Téllez es un gran torero. Seguro, el año pasado estuvo muy bien en Madrid. Pero ayer comparecía tras un revolcón en un pueblo y entre el viento (de nuevo) y los toros, no acabó de sentirse a gusto. Y cansó al público. El mexicano le robó todo el gas a la Empresa Municipal de Transportes y citó por detrás, de rodillas, por todos los lados. Pero por mucho gas no contaminante que hubiera cogido, el toro no era un autobús por la M30. Y Perera es un hombre contradictorio. Se le tacha de poderoso, de sacar agua en cercanías del pozo más seco. Y fue lo único que vimos. Hubo al menos dos series muy lentas, bajas y de gran profundidad. Pero el toro se fue con las orejas.
Quítenle veinte minutos a la corrida, quítenle el viento, denle un poco de vida a los astados y todos habríamos salido felices y contentos hacia la verbena, hacia el metro o hacia el autobús. Anda que no pido.
David Ferrer, 2023.
Perera dio una serie con un cambio de mano verdaderamente profundos y templados.
No acabo de ver a Ángel Téllez
Como un torero al otro lado del telón de acero, cantaba en un acertado símil Joaquín Sabina. O como un torero en un bus municipal, podría decirse.
No lo voy a negar: no entiendo de caballos. Cuando era pequeño mi padre me llevó a algún festejo de rejones, quizá porque para alguien no entendido, era más visual y animoso ver a unos preciosos caballos correteando y pirueteando delante del toro. No sé si eran los tiempos de los hermanos Domecq y sus correrías en colleras, porque francamente es lo único que recuerdo de aquellos festejos. Después perdí el interés por tales festejos, que cobraron un inusitado protagonismo en los años grandes de Pablo Hermoso de Mendoza. Y parece que, vistos los llenos protagonizados, es Diego Ventura el caballero rejoneador por excelencia. Se ve al público disfrutar, y yo me alegro por ello.
Es lógico entonces que hablemos del público, que suele ser distinto. Para algunos, es más dadivoso y bullanguero el público de rejones y lo dicen como crítica. A mí no me molesta pues soy defensor de la variedad en todo pero es constatable la diferencia de los públicos. Y ayer se notó: la labor de los actuantes a pie, dos consolidados toreros, Paco Ureña y Ginés Marín, quedó algo tapada tras las galopadas y bríos de Ventura. Y como el público era animoso, tampoco comparecieron las críticas a un petardo de corrida de Montalvo, que fue, eso sí, exquisita de presentación. Esto es Madrid, señores: la presentación lo primero aunque la locomotora brillante y lustrosa luego no llegue al pueblo de al lado.
Ayer vimos a dos toreros queridos por el público de Madrid a los que se ningunea en los despachos. Ginés Marín es uno de los toreros más puros del escalafón, una delicia con su capote y un prodigio con su mano izquierda. Pero veremos en cuantas ferias importantes desaparece de los carteles, y eso que lo lleva Curro Vázquez. La corrida de ayer, como decimos, fue un petardo. Unos toros preciosos, unas hechuras perfectas, una cornamenta impecable. Pero sin alma. Y Ureña y Ginés Marín se toparon con ello. Menos mal que en el último toro, vimos a un torero en plenitud, sacando agua de la sequía de Doñana, como si no le quedara ya otra tarde en la feria. También vimos unas excelentes chicuelinas a las que replicó Paco Ureña con ajustadas gaoneras.
Nada más. No va la feria por donde esperábamos. A veces Madrid nos cansa, a veces nos aburre. Y hoy los toros imposibles de Escolar. Esperemos que el bueno de Domingo López Chaves, en su año de despedida, nos deje con ese buen sabor añejo de dehesa salmantina, de tomillo y encina, de hornazo y tamboril. Y es que a mí me gustan muchos toreros, tan diversos.
David Ferrer, 2023.
Ginés Marín y su mano izquierda. También tiene un capote extraordinario, pero ayer no se vio en su plenitud.
Los toros de Montalvo. Fachada y decadencia.
Un público variopinto, condescendiente, festivo. La cosa va por días. Y un par de quites muy interesantes de Marín y Ureña.
El viento de la tarde quiso quitar protagonismo a todo el mundo y trastocó hasta la estética de la plaza: de repente, volvieron los Barbour, los forros polares, los chalecos acolchados y las sudaderas hasta en el sol. La incomodidad era patente en las caras y el sacrificio de los actuantes, incapaces a veces de manejar con soltura capotes y muletas, fue heroico. No se entiende que el reglamento permita suspensiones cuando cae una lluvia fina, excusa que a veces esgrimen ciertas figuras para desaparecer del ruedo, y se permite un espectáculo ventoso, frío e ideal para las afecciones pulmonares en el que además los actuantes se van a jugar la vida. Por lo demás, el viento borra todo. Ya lo decía Clarín al principio de La Regenta: el viento siembra pero también recoge. Todo el mal humor de la víspera había desaparecido. Y las previsiones a la contra de una corrida de Juan Pedro Domecq se transmutaron. Quién lo iba a decir. Domecq lleva una buena corrida cinqueña, de excelente presentación y de un gran juego... si no fuera por el viento.
Los viejos diccionarios Larousse tenían un precioso lema: "Yo siembro en el viento". Se lo regalo a Daniel Luque. Yo si fuera él lo grabaría a los lados de la furgoneta. Daniel Luque. Yo siembro en el viento. Qué capacidad tiene este torero para sobreponerse a cualquier embestida y a cualquier circunstancia extraña, ya sea meteorológica o de público. No me explico cómo las tardes en las que se anuncia Daniel Luque esta temporada no se cuelga automáticamente el cartel de "no hay billetes". ¿Qué sabe el público y quiénes son los aficionados? Pues ayer Luque demostró que siembra en el viento, en la lluvia y hasta en la nieve si la hubiera. En su primer toro comenzó con media muleta, arremolinada y hecha un burullo, y sorprendió con una serie templada y despaciosa, de lo mejor que se ha visto hasta la fecha. No fue tarde de triunfo grande pero sí de estar, de convencer y de gritar a los cuatro vientos: incluso aquí yo siembro.
El primer toro le dio un buen susto a Ángel Téllez, el segundo de la terna. Se trastocó también el orden de la lidia, lo cual hizo la tarde algo pesada, con el público sufriente en los tendidos sin saber nada y, encima, ateridos de frío. Ha vivido este torero la temporada pasada de una excelente actuación en San Isidro: 22 corridas en 2022 no está mal para alguien tan nuevo. Yo lo vi varias tardes sin convencerme, al margen de que salía casi a revolcón por festejo. Es valiente, sí, pero hay que ponerse en el sitio. En lugar de su apoderado, quizá le convendría un buen torero a su lado, que le vaya quitando manías. Téllez y Francisco de Manuel se llevaron ayer cuatro silencios, respetuosos. No pudieron o no supieron decir más. Son jóvenes y nuevos y se les perdona todo, como debe ser.
El protagonista de la tarde fue, desde luego, el viento. Y Daniel Luque. Salió de la plaza como diciendo: Yo siembro en el viento.
David Ferrer, 2023.
Sin duda, Daniel Luque. Sabe torear muy despacio.
El viento no entiende de despaciosidad.
Sube el precio, baja el toro decía una pancarta la víspera. Pues Juan Pedro llevó una corrida impresionante. Los de la pancarta se quedaron mudos.
Dirán algunos que el viento. Otros que las elecciones. Pero la feria de San Isidro ha comenzado al revés y no porque alguien se haya puesto el mundo por montera. Los pasillos de la Plaza de toros de Las Ventas se han pintado de un color crema que recuerda a la tonalidad histórica del arco de la Macarena, que antes era de un amarillo o albero intenso y ahora está más ocre. No sé si la pintura escuece en los ojos o en los ánimos pero da la sensación de que por esto o por lo otro la feria ha comenzado con una manifestación militante antisevillista. Si a ti te ha ido bien, yo no voy a permitirlo. Y cuando las cosas están así: los ánimos, la crispación, las tardes ventosas, el ganado, las actitudes, la cosa sale por donde sea, por Despeñaperros y no por Antequera.
Madrid me mata, se decía en los ochenta. Madrid cansa. Y tanto. Y esperemos que este ambiente se arregle porque, si todo sigue así, nos queda casi un mes de desatinos. Estaba claro que a Morante ayer le iba a pasar factura el rabo de Sevilla. Se vio desde el principio. La ovación de saludo a Emilio de Justo no sonó tanto a cariño de bienvenida, merecido, como de agravio al de la Puebla. Además, cuando se presume tanto del "toro de Madrid", salen cosas como las de ayer de Garcigrande. Parecía un muestrario de estilos. Y en esa selección tan variopinta, solo faltaba que al sevillano le tocaran dos toros a contraestilo, feos, dispares y peligrosos, y que encima tirara por la calle de en medio, que en esos casos es la correcta: la brevedad, quitarle el polvo al toro y llevar montada ya la espada. Por lo menos debería haber matado bien, pero protagonizó en esa suerte un desatino. Las dos broncas a Morante serán lo de menos. Podrá enmendarse en cualquiera de las otras dos tardes.
A Emilio de Justo lo sacaron por la Puerta Grande por el rabo de Morante. Y por su mala suerte en esta tarde. Ahí te va eso. Al torero extremeño, que es ya un ídolo en Madrid, yo no lo vi tan centrado como otras veces: hubo excelentes muletazos, componiendo la figura al estilo de José Miguel Arroyo Joselito, pero sin lograrlo siempre, por culpa también del viento y de las embestidas del toro. No fue una faena redonda de dos orejas de Madrid. Estuvo de saldo ayer la Puerta Grande. Y tampoco hacía falta, pues tiene más cartuchos. Pero es un torero del que se espera mucho y bueno. Al igual que Tomás Rufo: clasicista, despacioso a veces, está en el punto exacto de germinar y ser uno de los grandes. Tuvo suerte con una oreja tras una estocada al volapié perfecta. Y en el sexto toro le pudieron las ansias. Y la tarde raruna. Y el viento. Y un señor del siete.
Madrid cansa. Gritos, silbidos, insultos. Los toros dudosos. Las orejas baratas. Pero al menos en La Maestranza te regodeas en la belleza, en el sonido de las campanas y los pájaros, en la banda de música. Un tío gordo al lado grita "Aprende Morante". Otro grita "viva España" y ya no le responde nadie. Madrid aburre, Madrid cansa. Ayer. Hoy será otro día.
David Ferrer, 2023.
En su primer toro, hubo un natural y un pase de pecho de Tomás Rufo, que todavía se siente.
A Morante no le dio tiempo ni a ir despacio. Parecía que le cerraban el supermercado.
Si bien las retransmisiones de Mundotoro TV están ganándose a la audiencia, pese a pequeños problemas técnicos puntuales, me dicen que lo Telemadrid es infumable. Un ir y venir de anuncios, un no parar de hablar, un no saber callarse.
El comprador actual se emociona ante una pantalla: vistosidad, calidad, precio y envío rápido. Después, recibes el pedido de Shein o de Aliexpress y lo que te llega es una piltrafa, una camiseta de tres tallas menos o una falda con lentejuelas desgastadas. Lo que pides y lo que recibes. Los veedores de Las Ventas habrán visto una preciosa corrida en el campo. Tiene además La Quinta un runrun en los pasillos y despachos, lo cual viene a ser el síntoma de la situación en la que vive la torería: hay que apuntarse a lo que sea por si acaso.
La empresa de Las Ventas quiso apostar fuerte. En 2022 el primer cartel fuerte estaba programado para la cuarta de abono. En 2023 para la primera. Como que Bruce Springsteen abra cartel de un festival a las siete de la tarde. ¿Qué podría salir mal? Había una alternativa, que siempre es emocionante, una ganadería de la que se habla y dos gallos de pelea en el cartel, sobre todo el que llena, el que trae a la gente joven. Pasó, como en las compras de internet, que el toro salió arrumbado, descastado y los toreros se vinieron abajo. Y el viento. Y el público, que después del éxito de Sevilla no venía dispuesto a aceptar todo. Esas cosas de Madrid.
Lo de Roca Rey fue lo de menos. Consiguió su propósito: estar sin más y llenar. Y llenará otros días y sabrá estar mejor. El Juli es ya veterano. Y ahora ya se le respeta, aunque ponga gestos mohínos o pegue un salto extraño al intentar la estocada. Pero bien estuvo. Peor papeleta tuvo el tercero, de blanco y oro. La temporada es justa y limitada, los huecos en las ferias son escasos. O triunfas en Sevilla o Madrid o te llega el verano. Estuvo correcto, algunos naturales despaciosos, como nos gustan aquí. Merece que se le ponga en algún cartel.
Y no pasó nada. Porque era la primera. Quizá en ese aspecto ha sido tan hábil la empresa: si salía bien, el primer triunfo de golpe y a animar al público. Y si salía mal, pues hoy vienen Morante, Emilio de Justo, Tomás Rufo. Que podrá salir bien o mal. Como cuando compras en un comercio chino.
David Ferrer, 2023.
Álvaro Alarcón. En una buena tanda de su primero, hubo un natural lentísimo.
Roca Rey quiere todo. Pero la tarde no estaba para él. Soltaba medias, recortes y la cosa no prendía.
El Juli quiere torear despacio con el capote. Y sabe. Pero su manera de entrar a matar es inenarrable. Como quien se tira de cabeza a un pozo. Seco.
David Ferrer estudió Filología Hispánica e Inglesa. Ha publicado diferentes libros y es articulista de varios medios como El Diario de Ávila. Coordina diversos proyectos culturales. Ha sido colaborador de la Agenda Taurina.
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